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50 days by Albert Adrià

50 days by Albert Adrià

El mayor espectáculo gastronómico del mundo, en el hotel Café Royal en Londres.

Un gran espectáculo necesita un gran escenario. Y el hotel Café Royal (en el centro de Londres, en la esquina de Regent Street con Picadilly), que cumple 150 años, lo es.

Por sus salones han pasado personalidades destacadas de Inglaterra y del resto del mundo. En ese Gran Hotel hay varios escenarios excepcionales y en la actualidad, gracias al empresario Georgi Akirov, ha recuperado todo su esplendor después de una inversión muy importante. Y entre los salones hay dos que destaca: el Oscar Wilde Bar, en la planta baja, donde se toma el té de las cinco; y, en la primera planta, el espacio The Domino.

El hotel, que cuenta con una extraordinaria directora de comunicación y de promoción, Ana Mackintosh, nacida en San Sebastián, fue el lugar elegido por Albert Adrià y su equipo para montar una experiencia original, distinta y apasionante.

Albert se ha ocupado de todos los detalles, hasta del más mínimo, desde el punto de vista estético: los uniformes, los soportes de los platos (asombrosos), las servilletas, todo figura con el emblema 50 days by Albert Adrià. También los movimientos del personal en sala. Es como un ballet que se desplaza, explica, aclara, motiva, ilusiona y crea historias. Hablamos de dos grandes equipos: el que tiene Albert en Barcelona (y con el que trabaja también en Heart, en Ibiza, durante el verano) y otro el que aporta el hotel. Ambos han conseguido no solo trabajar juntos sino llevarse bien, hacerse camaradas y casi amigos. En parte, gracias al trabajo de Claudia Ferreres.

El espectáculo se desarrolla en varios actos. El primero, en el Oscar Wilde Bar, de una belleza fulgurante, donde el invitado es recibido por un grupo de expertos en cócteles. Una vez sentados, aparece el primer cóctel, en una especie de samovar, del que cada cliente puede abrir el grifo y dejar caer la cantidad que estime oportuna sobre una copa tipo Martini, en la que una cuchara agujereada sostiene la absenta sólida. El segundo coctel está hecho a base de Amontillado de Jerez.

Y en ese momento empieza la parte gastronómica del espectáculo, con platos como el yuzu pistacho; la galleta de fresa, sésamo y curry; el marshmallow de parmesano o el merengue con crema de rábano.

Al terminar, una azafata se dirige a la mesa para decir a los invitados o clientes que pueden subir al espacio Domino para la cena. En ese salón, más pequeño, unas 50 personas podrán disfrutar, durante 50 días, de las ofertas gastronómicas más sugerentes que haya visto últimamente.

Como se sirven a un ritmo perfecto, con las cantidades justas, la cena no se hace pesada ni para el estómago ni para la cabeza. Todo pasa como un soplo de estética de sabores y conversación. Cada una de las personas que van sirviendo los diferentes platos explica y cuenta una historia que despierta la curiosidad. Porque dos de las cosas más interesantes de la cena fueron la sorpresa y la emoción.

Entre los salados: sashimi de atún mediterráneo con caviar y aceite de almendra; rubia gallega con pan carbonizado; crostini de salmón ahumado, ostra de Galway con kimchi y pepino; cangrejo al estilo de Singapur con pomelo; espaguetis con salsa de portobelo, crema y trufa negra; y solomillo de Escocia con crema Café de París, patatas soufflé y chalotas caramelizadas.

Y, todavía, tres postres: royal de fresitas silvestres, un waffle aireado de chocolate y tarta de queso.

Al terminar, de nuevo, una azafata indica al invitado o cliente que debe volver al Oscar Wilde Bar para el fin del espectáculo. Aquí, en la misma mesa del principio, se sirven los petit fours o “las pequeñas locuras” de Albert Adriá, en concreto: rocher de kikos, galleta de té verde y mandarina, galleta de jengibre, after eight (el chocolate con menta), una creación de frambuesa, rosa y menta y un cigarro de chocolate. Para acompañarlos, café, té o infusiones y, naturalmente, cualquier tipo de cóctel o destilado.

La duración es, más o menos, como una ópera, entre tres y cuatro horas. Pero, realmente, vale la pena.

Albert Adrià, que se formó en elBulli como repostero, y ha sido considerado The World’s Best Pastry Chef en 2015, según la revista británica Restaurant, se muestra ahora como un auténtico emprendedor, gestor, solista y director de orquesta.

Ya lo había demostrado en Barcelona, con su concepto de elBarri, que engloba cinco propuestas gastronómicas (Bodega 1900, Tickets, Pakta, Hoja Santa, La Dolça); también ha sido capaz de crear una línea de productos no perecederos, La Cala, y de montar en Ibiza el gran espectáculo de agosto del año pasado, Heart. Y, en el futuro inmediato, Enigma.

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