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Los norteamericanos más jóvenes quieren comida saludable

Los norteamericanos más jóvenes quieren comida saludable

Tradicionalmente, hemos considerado a Estados Unidos como el país más aficionado del mundo a la comida rápida o “fast food” que, muchas veces, se confunde con la comida basura o “trash food”. Simplificando, tendíamos a considerar que la alimentación de una familia norteamericana media estaba basada en la comida preparada o precocinada, con la que todos llenaban las bolsas durante su visita a los supermercados.
No es que esta hipótesis fuera falsa, pero hay actualmente una tendencia contraria, resultado acaso de la presión médica y hasta mediática, acrecentada durante los últimos años. Hay, de hecho, una apuesta creciente por los productos frescos, un movimiento que hace especialmente felices a profesionales como el profesor Valentín Fuster, autoridad médica en Nueva York y quien lleva décadas defendiendo la necesidad de implantar decididamente estos nuevos hábitos.
Son, concretamente, los menores de 35 años los que están rechazando esa comida rápida y precocinada que triunfó entre la generación anterior y especialmente entre los del “baby boom”, que hoy tienen entre 55 y 75 años.

Coca Cola o McDonald´s, atentas a los cambios

Tan llamativa resulta esta tendencia que, según me cuentan mis amigos en Estados Unidos y he podido apreciar yo mismo en mis viajes, están obligando a modificar algunas estrategias empresariales de las grandes corporaciones del país, incluyendo iconos estadounidenses, como Coca-Cola o McDonald´s.
La primera comercializa un ramillete de marcas a la que se han incorporado refrescos más saludables mientras que la cadena de hamburgueserías analiza posibles alternativas como consecuencia de los cambios en los hábitos de los más jóvenes.
Desde la Real Academia de Gastronomía y también desde la Fundación Española de la Nutrición llevamos muchos años intentando convencer a todo el mundo de que la salud y el placer gastronómico no son conceptos que estén reñidos entre sí. Todo lo contrario, son compatibles y complementarios.
Es muy positivo que se esté produciendo un gran desarrollo de empresas de distribución y restauración especializadas en alimentos sanos, algunas de las cuales han llegado incluso a la “América profunda”, por ejemplo, a esas ciudades de mediano tamaño del Sur a las que el celuloide ha convertido en símbolos de la comida americana menos saludable y en las que siempre abundó la población con sobrepeso.

Necesidad de un precio más bajo

Mejorará todavía más la situación cuando un mayor consumo permita que la comida sana baje de precio, puesto que es el mayor freno a su desarrollo, en comparación con el de la “fast food”. Y la principal consecuencia de este cambio de pautas es que, en muchos países de Europa como el nuestro, donde el modelo alimenticio norteamericano goza de gran seguimiento entre algunas capas de la población y sirve incluso como espejo de comportamiento, irá poco a poco asentándose también esta comida más sana.
Pero, más allá de las tendencias de otros países, a comer bien se aprende con esfuerzo y con educación, tanto en el ámbito de la escuela como en el de la familia. Y la “comida saludable” terminará imponiéndose, no solo por razones de salud y calidad de vida sino, sobre todo, porque es más buena y su consumo resulta mucho más placentero.

Publicado en El Imparcial.

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